El vecindario de la Calle Lardero de Logroño acusa al ayuntamiento de desinterés e improvisación en la remodelación de la vía. Señala deficiencias en las obras a cargo de la empresa Antis. El escenario muestra adoquines rotos y acabados imperfectos.
En la anterior legislatura, dice, después de la pandemia se
quejaron al ayuntamiento porque consideraban que la calle estaba sucia y
dejada. Tomaron nota y la limpiaron. Acto seguido, comenzaron las obras de la
Calle Fundición.
Fue entonces cuando consideraron que era el momento de
reclamar una mejora de la Calle Lardero, «que estaba realmente reventada». La
respuesta del ayuntamiento fue que esa sería la siguiente calle que
arreglarían. Pero perdieron las elecciones.
Sólo tenían una manifestación verbal del anterior
consistorio. Con eso sobre la mesa, se convocó una reunión de vecinos. Cuenta
José Luis que acudió mucha gente, «y acudió, sin ser invitado, el concejal de distrito
[Ángel Andrés]». Éste, se comprometió a iniciar el proyecto de reforma de la
Calle Lardero.
La afluencia de gente a la reunión y el compromiso del
concejal les dio el respaldo suficiente como para iniciar una recogida de
firmas. «Recogimos 500 en veinte días, en doscientos metros de calle. Y, si
llegamos a seguir, recogemos más». Una vecina incide en los problemas que
tuvieron para entregar las firmas. «Nos tuvieron bastante tiempo negándose a
cogerlas. Al final, apareció un chico que las cogió, pero ni siquiera nos han
contestado sobre el tema».
A partir de ahí, comenzaron a reunirse con el alcalde y el
concejal. Se inició una «solución provisional a los reventones». Según el
vecindario, «hoy, casi tres años después, están quitando esa provisionalidad».
Y comenzó también lo que José Antonio denomina como «una absoluta
improvisación» sobre qué hacer con esa calle.
«A lo largo de todos estos años», relata, «esta calle ha
sido un absoluto despropósito; un abandono, un desprecio». Estos términos los
argumenta en que «no barrían, no limpiaban, no recogían papeleras… No hacían
nada». Desde el ayuntamiento alegaban dificultades técnicas, pero desde el
vecindario consideran que no escuchaban propuestas ni buscaban soluciones. Tras
un tiempo de presiones y pequeños actos de reivindicación vecinal, retomaron la
limpieza de las calles.
Entonces, llegó la presentación del anteproyecto de obra.
Conrado Escobar y Ángel Andrés convocaron a una reunión a las personas de la
Calle Lardero. A día de hoy, José Antonio habla de postureo absoluto. «Nos han
estado engañando». Pero, en ese momento, escucharon tanto cosas positivas como
cosas negativas respecto al futuro de la calle.
«El resumen de aquella reunión es Conrado Escobar diciendo a
su concejal que tomase nota de nuestras propuestas. Detectamos varias
cuestiones que iban a traer problemas de seguridad vial o de organización del
mobiliario, y parecía que nos escuchaban». Era abril de 2025.
Durante este tiempo, se han dado cerca de veinte reuniones
según las personas que hablan con este medio. Una vecina cuenta que han acudido
a todo lo que han podido. «Y nos han hecho todos los desprecios posibles.
Incluso Ángel Andrés se nos ha levantado de muy malas maneras y nos ha quitado
la palabra». Otro vecino asegura que, «una vez, a Conrado Escobar se le fue la
lengua y nos dijo que confiar en los políticos era de ingenuos».
Las peticiones del vecindario cayeron en saco roto y el
argumento de las autoridades era que había problemas técnicos. José Antonio
relata el momento en el que, en una reunión, habló con la técnica: «Le pedí
que, por favor, me dijera qué problemas técnicos había para que no se pudieran
realizar nuestras peticiones. Me respondió que, ella, como técnica, tenía la
autonomía que le marcaban los políticos».
A día de hoy, la empresa Antis realiza las obras,
adjudicadas por licitación. Las personas que habitan la calle observan acabados
defectuosos y anómalos. También, unas calidades dudosas en adoquines que se
rompen.
Vecinos y vecinas lamentan lo que consideran una cuestión de
concepto patrimonial por parte de la alcaldía. «Sienten que, donde están [el
Poder], es suyo, y hacen lo que quieren. Y el dinero público lo administran
como quieren. Y la calle la administran como quieren».
La sensación actual en esta calle de Logroño no es únicamente
de frustración, sino también de ruptura. Después de años de reuniones, promesas
vacías y desencuentros constantes, no sólo queda una calle en obras; también
queda una relación deteriorada con quienes debían gestionarla.
Sergio Marín Ochoa

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